понедельник, 7 ноября 2011 г.

escrito por Juan de San Grial
En todos los tiempos han bajado a la tierra grandes profetas con la misión de guiar espiritualmente a la humanidad hacia la luz divina.  Ajenos a la gloria mundana y colmados por el amor indecible, combatieron con las fuerzas del mal; por lo que fueron sometidos a las persecuciones más crueles por las instituciones religiosas.


Su recuerdo fue borrado por el clero romano y bizantino. Pero su gloria, protegida a lo largo de los siglos y grabada en el corazón del pueblo y en sus leyendas, se multiplicaba misteriosamente, en la persona de los mensajeros celestes enviados nuevamente al mundo.

Vamos a hablarles acerca de un profeta de nuestras días. Su nombre es Juan. Una ofrenda desde lo alto aún cuando le fueron impuestas las manos. Su nombre significa: ‘el hijo de la gracia’.

En el año 1939, su padre, Yakov Bereslavskiy, ingeniero e inventor, fue arrestado por la denuncia de un vecino. En la carcel de Moscú, Butirka, le ocurrió algo misterioso: Yacov conoció a un gran anciano, Serafim de Solovkí. El profetizó a Yakov: ‘La gracia de Dios te devolverá milagrosamente la libertad. Al liberarte, engendrarás un hijo. Será un profeta muy grande.’ Las palabras de Serafim se hicieron realidad. Enseguida, Yacov fue liberado de la carcel. Y en otoño del 1946, nació su hijo.

Al rechazar los costumbres del sistema soviético, Juan fue marcado, ya desde su infancia, con el sello del escogido, buscando un sentido superior a la existencia. Empezó a tener un profundo interés en el misticismo, en las religiones mundiales, a estudiar idiomas extranjeros y filosofía. Leía los clásicos extranjeros en lengua original. Conoció multitud de enseñanzas y escuelas filosóficas del mundo.

Fue escritor ingenioso, poeta y músico de talento, recibió una espléndida educación de piano a manos de una discípula de Heinrich Neuhaus, recorrió un camino asombroso comenzando como profesor de idiomas extranjeros, hasta llegar a ser el gran ungido del Grial, adoptando entre el pueblo el nombre de ‘Juan de san Grial - padre bienaventurado’.

La juventud de Juan ha coincidido con el movimiento de los años sesenta. Siendo una persona creativa, abierta y sensible, no entró, empero, en el movimiento, continuando su búsqueda del objetivo espiritual, sentido por él cada vez con más claridad.

Al convertirse a la fe, Juan el bienaventurado viajó por largo tiempo, buscando a su padre espiritual y a gente que le pudiera escuchar y entender. En verano del 1980, encontró a la anciana Eufrosinia, quien hizo realidad la única escuela de acumulación del Espíritu Santo y tuvo numerosos seguidores.

Eufrosinia pertenecía a una rama de antiguos procursores del catarismo, eslavos teogamitas de quienes se consideran como herederos de su escuela Serafim de Sarov, Porfirio Ivanov y Ascold Nicolás. Por tradición oral, Eufrosinia transmitía los sellos sin precio del camino espiritual. Encendió un gran celo por la santidad perfecta en Juan el bienaventurado.

En el año 1984, tuvo lugar el acontecimiento más importante de su vida. Cerca del icono de la Virgen Odiguítriya (Guía en el camino) en Smolensk, la mismísima Madre de Dios se le reveló, explicándole el secreto de su misión terrenal.

Juan de San Grial
Preparándole para un gran servicio, la Madre Divina le dijo: ‘Te erijo a tí como un vaso elegido del Altísimo. Vé y descubre Mi amor a la humanidad.’ Desde aquel entonces, Ella esta con su elegido sin retirarse nunca.

Prometo prestar Mi ayuda a quien confiese, de manera sincera, como un niño, la fe en Mi amparo maternal en los últimos tiempos’

Juan el Bienaventurado fue el primero que anunció abiertamente la época de la Madre de Dios, descubrió Su genuina veneración y Su participación arquetípica en los destinos de Rusia y de todo el mundo, como la Madre de la tierra rusa. Este acontecimiento dió inicio a una gran revelación universal, continuada hasta el día de hoy. La misma Madre de Dios entra en su elegido y habla por su boca, convirtiéndolo en un receptáculo perfecto del Amor y la Sabiduría divinos.